Son las ocho de la mañana y los rayos del astro rey se cuelan por la ventana de la cocina. Un dulce aroma a café y tostadas, inunda la estancia. Con la mirada perdida en el horizonte, Felipe planifica el día, dispone de poco tiempo para entregar la pieza, y sin más tiempo que perder se sienta frente a su piano dejando que sus dedos tomen el control. El principio es suave y lento; a medida que avanza la jornada el tempo se acelera. El allegro que marcó el inicio del mediodía, suena con fuerza a lo largo de toda la tarde, tornándose en andante conforme el sol deja paso a su hermana menor. Hace ya un rato que los rayos del astro plateado bañan el hermoso piano, y Felipe con una sonrisa en los labios dando por finalizada la sesión, dirige la mirada a la luna, dándose cuenta de que ha compuesto
La Mente
Angustia
Hechizo Marino
Mirada perdida hacia el mar,
el horizonte está despejado.
La mente empieza a viajar,
el mar brilla tranquilo.
Es tiempo de serenidad,
el cielo es azul intenso,
es momento para lo eterno
que ahuyenta mi tormento
Sea cielo, mar o arena,
no sé dónde detener la mirada.
Sensación placentera,
quimera deseada.
LCR
Verano
Lazarus
Era la primera vez en mucho tiempo que no amanecía nublado, el sol empezaba a alzarse sobre el bosque y los pájaros comenzaban a entonar las primeras melodías. La brisa, a primera hora de la mañana, era fresca, llevando consigo un olor a hierba muy agradable. Por el cielo surcaban algunas nubes que viajaban perdidas como zepelines de algodón blanco. Lazarus contemplaba este espectáculo desde la ventana de la cocina mientras apuraba luna taza de café. —Va a hacer una mañana espléndida— dijo. Tenía la mochila con todo preparado al lado de la puerta, se la puso al hombro y cogió el bastón. Estaba preparado para una larga caminata. Se paró en el umbral e inspiró llenando de aire limpio sus pulmones. — Estoy listo — dijo en voz alta, esbozando una sonrisa.
Comenzó a caminar sin pensar en las huellas que dejaba atrás. Una suave brisa le iba obsequiado con los olores procedentes del bosque; el cantar de los pájaros se mezclaba con el mecer de los árboles y poco a poco el bosque iba haciendo acto de presencia. En la linde, Lazarus decidió tomar un descanso, pues el lugar donde quería ir se tornaba lejano y no le apetecía poner en jaque sus fuerzas tan pronto. Un sin fin de colores armonizaban el horizonte, el verde intenso salpicado por las flores silvestres se fundía con el azul claro del cielo en la lejanía, miles de pensamientos desfilaban por su cabeza y cuando se sintió listo para continuar se puso en pie y reanudó la marcha. Los rayos del sol se colaban tímidamente entre las copas de los árboles, los ratones de campo correteaban por los troncos colándose por los huecos que dejaba la corteza y el cantar de los pájaros fue sustituido por el sonido lejano del río.
Tras una hora de viaje, donde el camino en ocasiones se tornaba esquivo y las raíces dificultaban el paso, río arriba, se encontraba un viejo barco. Qué hacía en el corazón del bosque era un misterio que no le importaba lo más mínimo, pero lo que si le preocupa era su aspecto actual, ya que a causa del paso del tiempo y el abandono, se encontraba en mal estado. Lazarus deseaba restaurarlo y navegar con él, pero el caudal no era el de antaño, y remolcarlo por el bosque era tarea prácticamente imposible.
No era la primera vez visitaba aquel lugar, desde que lo descubrió hace dos primaveras, se acercaba sobre todo a hacer pequeñas labores de mantenimiento. Con gran tristeza se daba cuenta que a pesar de sus esfuerzos no conseguía frenar, el progresivo deterioro la embarcación. Siempre en aquel remanso de paz de gustaba imaginar que intrépidas aventuras había vivido aquel barco y quien era su tripulación. A menudo se veía como capitán abordo de aquel barco, surcando los océanos y acometiendo grandes empresas.
Ya de vuelta a la realidad en el calor del hogar, Lazarus comprendido que eso no pasaría. No viviría aventuras, no saldría de aquel lugar, estaba condenado a vivir ahí. Lo que había empezado como una mañana esplendida, se había convertido en un día gris.
Alma Sin Cobijo
María se encontraba sola sentada en el muelle, la brisa marina jugaba con su dorado cabello, mientras sentía que su vida se desmoronaba. Contemplaba sus días en busca de algun suceso que le permitiera alegrarse y dar sentido a su estancia en aquel pueblo de pescadores. Mientras su mirada estaba posada sobre el horizonte, soñaba con ilusiones que le permitieran evadirse de la realidad. <<No quiero ser un pez más en el agua>> Pensó. El gran sueño de María era tener su propia linea de bisutería, ser recordada, y ese lugar no era el sitio propicio para ello. Se alejo del mar para adentrarse en la realidad. Se sumergió en la incertidumbre del día a día. Mientras exploraba cada rincón, buscando unas alas para volar y perderse entre las nubes.

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