Sintonia Del Absurdo

"A menudo, nuestra mayor torpeza no es el fallo, sino la soberbia de querer corregir lo que no está roto. Nos empeñamos en buscar señales en las estrellas cuando lo único que necesitábamos era disfrutar de la música que ya estaba sonando. La verdadera madurez de una idea es saber cuándo dejarla dormir antes de que rompa la realidad que nos hace felices"

Era un sábado de sol radiante, ese tipo de mañana que invita a no hacer nada, solo sentarse en el sofá con una película, y esperar que por el reloj desfilen las horas. Pero ahí también radica el peligro, porque a menudo en estas situaciones es cuando la mente queda ociosa. Y eso es lo que le pasó a Rodolfo aquella mañana, simplemente tuvo una idea. Miró su vieja radio, un aparato fiel que solo sabía dar las noticias y el fútbol, y sintió lástima por ella. <<Está limitada>>, pensó. Su plan era perfecto: si lograba puentear el condensador de flujo —o algo que se le pareciera— y orientar la antena con un ángulo de cuarenta y dos grados utilizando papel de aluminio, podría captar las frecuencias de Marte. Una idea poco lógica, pero en su cabeza era magnifica.
 
La radio, sin embargo, demostró tener una personalidad propia y bastante conservadora. Al primer toque de destornillador, soltó un pitido indignado. No quería ser una sonda espacial; ella era feliz sintonizando Radio Nacional. Pero Rodolfo era terco. Empezó a soldar cables que no necesitaban ser soldados y a añadir piezas de un viejo despertador para "amplificar el espectro emocional del vacío".
 
A las 11:45 AM, la radio ya no hablaba con Marte. Emitía un sonido parecido al de un gato atrapado en una tubería y, por alguna razón, cada vez que intentaba sintonizar con el Planeta Rojo, el aparato escupía una cinta de casete que no existía. Su mejora arriesgada había convertido un objeto funcional en un trasto que se negaba a encenderse. La idea que al principio le pareció brillante, resultó ser poco elaborada, especialmente cuando la radio soltó un último chispazo. Fue entonces, cuando Rodolfo se quedó allí sentado, rodeado de restos de estaño y tiras de papel de aluminio, contemplando el cadáver de lo que antes era un sábado tranquilo. El silencio de la radio era más pesado que cualquier interferencia marciana. De repente, la "idea magnífica" se sentía como un traje tres tallas más grande: ridícula y vacía. Había intentado forzar al universo a hablarle a través de un aparato que solo quería contarle el resultado del partido de la jornada, y acabó consiguiendo el silencio mas absoluto. 



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