La Manzana De La Discordia

Luis: Muy buenas a todos y bienvenidos. Hoy tenemos en el blog a una fruta un tanto peculiar; se puede decir que ha sido testigo presencial de aquellos eventos más importantes de la historia. He de matizar que conseguir esta exclusiva no ha sido fácil: nos ha costado tres años de negociaciones con el Ministerio de Agricultura, un viaje místico al monte Olimpo para rastrear su paradero, la condición de que no hubiera serpientes delante, ni nadie practicando tiro con el arco cerca. Después de tan duras condiciones, por fin lo hemos logrado. Hoy tenemos con nosotros, en estricta primicia, a la Manzana. Bienvenida.

Manzana: Muchas gracias, Luis. Aunque si te soy sincera, preferiría estar ahora mismo en una sidrería asturiana y no aquí recordando mis traumas. Pero dispara, que tengo la piel dura; a estas alturas de la vida ¿qué se le va a hacer?

Luis: Bien, vamos al grano. Empecemos hablando de mitología. Se dice que tu carrera hacia el estrellato del caos empieza en una boda griega. ¿Qué pasó con Eris?

​Manzana: ¡Acoso laboral, Luis! Eris no estaba invitada a la boda y, en lugar de quedarse en casa viendo una serie, o hacer lo que quiera que hagan las diosas en su tiempo libre, tuvo la brillante idea de usarme de granada de mano. ¡Te lo puedes creer! Me grabó aquello de "Para la más bella" y me lanzó al centro del salón. Y claro, pasó lo que tenía que pasar: aquello fue un "Sálvame Deluxe" en toda regla, pero con diosas que lanzan rayos. Afrodita, Hera y Atenea se pegaron por mí como si fuera el último artículo de las rebajas. Y al final, un tal Paris me eligió, se llevó a una chica llamada Helena y los griegos quemaron Troya. Diez años de guerra por una fruta. ¡Ni que yo fuera de platino!

​Luis: Cierto. Hubo cientos de miles de muertos. ¿Y no sientes remordimientos por lo sucedido?

​Manzana: ¿Yo? ¿Y por qué habría de sentirlos? Que los sienta quien inventó el concurso de belleza. Yo, dependiendo del tamaño, aporto más o menos calorías, nada más.

​Luis: Bueno, tranquila, no tengo intención de ofenderte. Tengo entendido que antes de lo sucedido en Troya, tenías una vida más apacible, en el Jardín del Edén.

​Manzana: ¿Apacible? ¡Fue un desahucio exprés! Mira, sinceramente, lo de la serpiente fue una encerrona, puro marketing engañoso. Me usaron para convencer a los nuevos inquilinos de que, si me mordían, serían como Dios. Mentira. Lo único que consiguieron Adán y Eva fue descubrir que estaban desnudos y que tenían que empezar a pagar autónomos. Y claro, ¿quién se llevó la culpa de que los echaran del paraíso? ¿La serpiente que mintió? No, la fruta. Desde entonces tengo fama de "fruto prohibido". ¡Si yo solo quería que me diera el aire! Y vivir en paz.

​Luis: Y desde entonces, se te asocia con la culpa y el origen del desastre.

​Manzana: Algunos historiadores siempre han tenido la manía de buscar cabezas de turco fáciles. Si no hubiera sido yo, habría sido otra cosa, un árbol o un manojo de espárragos. El caso era culpar al reino vegetal. Claro, como no podemos defendernos...

​Luis: Unos siglos después te vemos de viaje en Suiza acompañando al hijo de Guillermo Tell. ¿Qué tal te sentó el viaje?

​Manzana: ¿Acompañando, dices? ¡Mentira! Una falta de respeto total. Ahí estaba yo, intentando madurar en paz, y me ponen encima de la cabeza de un niño a la fuerza; sí, sí, ¿habéis oído bien?, a la fuerza. Mientras, un tipo con una ballesta me apunta. ¿Tú sabes el estrés que es eso? Si el tío falla, no sé qué le habría pasado al chaval. La historia hubiese continuado y yo me gano otro siglo de mala prensa por estar en medio del fregao. Por suerte, Tell tenía puntería, pero el susto no me lo quita nadie. Los humanos tenéis una obsesión enfermiza de usarme como diana para probar vuestra puntería o vuestro ego.

​Luis: Y hablando de puntería... Terminemos con la ciencia, Isaac Newton. Se dice que le caíste en la cabeza y ahí nació la ciencia moderna. ¿Cómo fue ese momento?

​Manzana: Ese fue mi momento de rebeldía. Estaba harta de que Newton se pasara las tardes mirando al infinito sin hacer nada. Así que un día decidí soltarme de la rama y le di en toda la coronilla. Pensé: "A ver si así se espabila". Y el tío, en lugar de darme las gracias o hacerme compota, va y se pone a escribir ecuaciones de tres pisos. Ahora, gracias a ese golpe, los niños tienen que estudiar física y me odian el doble. No se puede ganar con vosotros, de verdad.

​Luis: Gracias a ese impacto se han comprendido los movimientos de los planetas y de otros cuerpos celestes.

​Manzana: Sí, vamos, todo ventajas... ¿Sabes lo que saqué yo en claro de todo este asunto? Un moretón que no se me quitó en tres semanas.

​Luis: Para cerrar la entrevista, hay que comentar que también eres famosa por ser el logotipo de una de las mayores multinacionales tecnológicas del mundo. Por fin tienes una jubilación dorada, ¿no?

​Manzana: ¡Si me han dejado a medias! Me han puesto en todos los teléfonos y ordenadores del planeta, pero ¡me falta un trozo! Siempre me representan mordida. Es la metáfora de mi vida: todo el mundo quiere un pedazo de mi fama, pero nadie se queda a ver las consecuencias. Exijo regalías por cada ordenador, teléfono o tablet vendido.

​Luis: Bueno, ya no la importunamos más. Muchísimas gracias por tu tiempo. Esperemos que su maduración sea pacífica a partir de ahora.

​Manzana: Lo dudo mucho. Los humanos siempre tenéis ganas de complicaros la vida. Sé que tarde o temprano volveréis a buscarme. Esperemos que no me tengas que volver a entrevistar por otro suceso. Muchas gracias.




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