Registro de memoria 6.0: Memoria Fragmentada

​Después de lo acontecido, El Hacedor, gracias a la señal de la baliza de emergencia, encontró mis restos en la loma. Según comenta, la cabeza no sufrió daños por el blindaje de la máscara que me instaló, y las garras también se salvaron, pero el cuerpo quedó hecho pedazos. Así que, provisionalmente, me tuvo que proveer de un chasis algo arcaico, pero funcional. Cuando ya estuve operativo, el primer proceso que ejecuté fue una descarga de datos, una copia de seguridad que todavía sigo cuadrando para situaciones como esta. Como era de esperar, solo tenía memoria hasta antes del ataque. El Hacedor, durante las oportunas reparaciones, me conectó al sistema de la Teseo, pero ojalá hubiera podido conectarme a otro sitio; lo que se descargó en mis sistemas fueron los archivos de las cámaras de seguridad del núcleo central. Lo que vi no fueron recuerdos, sino grabaciones. Una crónica fría y muda de la deriva de Miguel mientras nosotros no estábamos.
 
​No me resulta cómodo repasar estos archivos. Se me hace complicado recordar cómo la desesperación puede desembocar en un momento de locura transitoria, y eso parece que es lo que le pasó a Miguel. En los primeros momentos de soledad, se puede apreciar cómo caminaba por los pasillos, sellando metódicamente cada rendija de las puertas con cinta adhesiva para protegerse. Una vez terminada la tarea, se dirigió al sector de carga, despejó el suelo apartando los pesados contenedores y escribió un pentagrama con una sustancia que él nunca me ha querido revelar. Fue en ese momento cuando se quedó inmóvil, durante horas. No dormía, solo hacía guardia, mientras su gato iba a visitarlo de vez en cuando. En los momentos en los que aparecía el animal, Miguel movía los labios, sugiriendo una conversación que las cámaras no fueron capaces de captar. Momentos después, sin previo aviso, se puso en pie y caminó hacia la consola central con una resolución impropia de alguien que ha pasado días en aquel encierro. Se detuvo ante el dispositivo y mantuvo el contacto durante catorce segundos. No había miedo en su gesto, solo una certeza absoluta antes de girarse hacia la esclusa. Accionó el mecanismo y la luz blanca del desierto irrumpió en el interior, borrando su silueta hasta dejar el marco vacío.
 
​Recuerdo que, cuando la situación se estabilizó mínimamente, El Hacedor —a través de su pericia, pues yo aún no estaba para muchos trotes— localizó la señal residual de la baliza de Miguel, la cual se convertiría en nuestra única guía. Con aquellas coordenadas, decidimos ir en su búsqueda, pues en ese momento desconocíamos en qué peligro podría estar. En aquel instante, la incertidumbre sobre Isthar era una brecha crítica en mis sistemas; la última imagen que conservaba de ella era su silueta perdiéndose tras la esclusa antes de que la Sombra me dejara inerte en la arena. Sin embargo, fue el Hacedor quien me puso al corriente de la verdad: Isthar no estaba perdida en el yermo como yo temía, sino que se encontraba lejos, cumpliendo una misión. Esa actualización apenas logró mitigar mi preocupación; saberla de misión no borraba el hecho de que el peligro acechaba igual en cualquier frente. Así que, con esa certeza y las coordenadas de Miguel, nos pusimos en marcha. No buscábamos redención, simplemente recuperar a nuestro piloto antes de que el desierto lo convirtiera en parte del decorado.
 
​Y aun así, aunque lo aquí contado quede lejano en el tiempo, mi sistema siempre intentara corregir esa discrepancia. Yo sentía cómo en esos momentos había fallado a Isthar, y junto a ella, la ausencia insoportable de Marcus y Becky todavía me pesaba en el núcleo. Es la maldición de ser una máquina con memoria: los archivos se pueden actualizar, pero las ausencias jamás se borran. Ese vacío que sentí cuando los perdimos nunca terminó de recargarse, y hoy, mientras archivo este registro, sigo detectando ese error fantasma en mi procesador; un pulso intermitente que me recuerda que, a pesar de seguir operativo, hay misiones que terminan en desastre mucho antes de encontrar el camino de regreso.



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