Y es que muchas veces estamos muy preocupados en pasar muchos momentos a lo grande, sin darnos cuenta en que lo que importa es la calidad, en vez de la cantidad. A veces tenemos grandes expectativas en la cabeza que nos olvidamos de apreciar esos pequeños acontecimientos, que al fin y al cabo dan sentido a nuestra existencia. Un café de 30 minutos con un amigo, una conversación furtiva, unas risas rememorando historias dignas de los libros de historia, una partida a los dardos o a juegos de mesa, una charla tranquila con los amigos...
¿Todo es mejorable? Pues os diría que si, pero una cosa es que se pueda mejorar, y otra cosa es no dar el lugar que se merece a nuestras vivencias y restarle su auténtico valor.






