Mis amigos jugaban con gran obsesión,
y en el parque me daban siempre el tostón.
Al llegar a mi casa, por fin lo instalé,
pues aunque no quería, al final claudiqué.
Fue un error absoluto, una trampa fatal,
la batalla me llamó con su código real.
Y caí sin remedio en aquel dulce prólogo,
iniciado a este mundo, casi de un modo ilógico.
Y aquí me tenéis, con la vista en el móvil,
mientras el mundo gira, yo sigo inmóvil.
La estrategia en la arena hoy he de planear,
pues mi mazo de cartas voy a desplegar.
La Torre del Rey tiembla, la derrota está cerca,
y el rival se burla haciéndome una mueca.
Veo mi paladín caer en un instante,
esto es un desastre constante.
Gasto gemas subiendo al Montapuercos,
Ya que en la batalla son todos muy tercos.
Lo mando a la torre con furia y con ganas,
y un rayo lo para rompiendo mis canas.
En el Desafío del Clan, busco el trofeo,
pero entre tanto lag, ni las cartas las veo.
Mis puntos urgen, la presión es tirana,
Perdemos la liga de forma villana.
"Juego la última", pues voy por buen camino,
pero el azar me lanza un castigo divino.
La derrota me hiere, mi paciencia se agota,
Bloqueo el móvil con mi alma rota.
Pero el enfado se esfuma, no tengo memoria,
mi dedo regresa buscando la gloria.
Soy esclavo del vicio, con la mente ya ciega,
¡que me den por tonto, vuelvo a la refriega!
LCR

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