Condenados Creepers

Miles de construcciones realizo con pasión,
pero los creepers siempre traen la devastación.
Cada estructura, cada nueva creación,
se convierte en ruinas, sin ninguna explicación.
 
Lucho y persisto, buscando protección,
pero sus explosiones siempre rompen mi ilusión.
Las torres caen y las murallas se deshacen,
el fruto de mi esfuerzo convertido en desastre.
 
La frustración inunda mi alma,
toda mi labor, en un instante, anulada.
Levanto de nuevo, mis manos temblorosas,
pero el miedo a los creepers nunca reposa.
 
Y aunque reniego, grito y me enfado,
cada día en Minecraft me tiene obnubilado.
Porque al final, el reto es mi amigo,
en este mundo cúbico, siempre sigo.
 
LCR 



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Los Astros del Callejón

En las tardes de verano cuando el sol cedía,  
era momento de jugar, con risas que surgían.  
El callejón era nuestro estadio,
testigo mudo de triunfos tan recordados.

Héroes del balompié con el respeto ganado,  
ídolos anónimos en partidos olvidados.  
Íbamos con todo en cada jugada,  
soñando con ser los astros de la década dorada.

Camisetas gastadas y rodillas raspadas,  
el balón raído era nuestra joya más preciada.  
Cada gol era un logro sagrado,  
cada caída un lazo bien forjado.

El silbato anunciaba el final y la cancha debíamos abandonar.
La cena esperaba y en silencio se quedaba el lugar.
En nuestras mentes se quedaban los momentos,
planeando sin demora el próximo encuentro.

Los callejones quedaron llenos de leyendas,  
jugábamos con pasión y no por hacer historia.  
La pelota rodaba, llevando nuestra ilusión,  
de ser héroes del fútbol junto a la afición.

LCR



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Una Luz En Un Día Gris

Amaneció nublado, pero no era de extrañar, llevaba toda la semana amenazando lluvia. Me disponía a salir a la calle, así que cogí la gabardina, me calé el sombrero, cerré la puerta y me quedé bajo el amparo de aquél techo gris. Durante el paseo matutino, un susurro, una voz un tanto diferente empezó a resonar en mi cabeza.

A cada paso que daba tenía la sensación de estar más en sintonía con aquella voz, un eco de mi propia alma, que iba transformando cada gota de lluvia en un destello de claridad. A medida que avanzaba, la ciudad parecía desdibujarse, cediendo su lugar a un paisaje interior, un mundo de paz y plenitud que había estado buscando sin saberlo, dándome cuenta de que la verdadera luz no venía de fuera, sino del resplandor que llevaba dentro.
 

 
 
 


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Invierno

En la fría noche invernal,
la luna brilla en su esplendor,
el viento se dedica a cantar,
el hielo aparece con tesón.

Los árboles duermen en paz,
bajo un manto blanco y sereno,
el río detiene en su andar,
el oso se sumerge en un sueño.

Las estrellas, cual diamantes,
brillan en la oscuridad,
el invierno con su cuento,
nos regala serenidad.

La chimenea arde sin cesar,
dentro, el calor nos cobija,
afuera, la nieve al pasar,
borra las huellas del caminar.
LCR

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A través del Crepúsculo

Estaba anocheciendo y el frío comenzaba a hacer acto de presencia. El viento helado soplaba sin tregua, cortando mi rostro con cuchillas invisibles. Cada aliento se convertía en vapor al contacto con el aire glacial, envolviendo mi rostro en una niebla efímera; la piel iba adquiriendo un tono gris azulado, perdiendo toda sensación de frío, dolor o molestia; y los músculos estaban gradualmente dejando de funcionar. No deseaba tener aquel final tan horrible, por lo que encontrar un sitio donde poder pasar la noche se había convertido en mi prioridad más inmediata. Así que apreté el paso, las sombras se iban alargando conforme avanzaba, mientras la tenue luz del crepúsculo apenas iluminaba el sendero por el que transitaba con dificultad. Los árboles, altos y retorcidos, parecían susurrar en la creciente penumbra, sus ramas retorcidas formaban figuras espectrales, jugando con mi imaginación, haciéndome sentir observado. Las hojas secas crujían bajo mis botas, amplificando la soledad y el desamparo en el que me encontraba.

El camino se volvía cada vez más sinuoso, con raíces emergiendo del suelo como manos de fantasmas atrapados, dificultando mi progreso. A lo lejos, el aullido del viento se mezclaba con el ulular de un búho, creando una sinfonía inquietante que parecía intensificar el frío que se colaba hasta mis huesos. Los arbustos y matorrales susurraban historias olvidadas, leyendas de almas perdidas y criaturas que acechaban en la oscuridad. Poco a poco y sin darme cuenta, mi mente estaba comenzando a vagar hacia leyendas de la zona. Trataba de sacudir la cabeza, con el fin de espantar todos esos cuentos, pero ya era tarde, a medida que avanzaba las sombras se espesaban y los sonidos de la noche seguían ahí, acelerando mi pulso y haciendo que mis sentidos se agudizaran aún más.

Cada paso era una batalla contra la desesperación y el agotamiento. El aire se estaba volviendo cada vez más denso, casi tangible, como si la noche quisiera devorarme, haciendo que mi respiración se volviera mas pesada. Mi visión se estaba nublando por el esfuerzo; mis sentidos habían alcanzado el estado de alerta máxima, cualquier sonido fuera de lo común hacía que mi corazón se desbocara, haciendo que los latidos resonaran en mis oídos; mientras mis piernas, a duras penas, respondían a mis intentos desesperados por seguir adelante. A cada paso, el camino se volvía cada vez más traicionero, las sombras se movían en el borde de mi visión, alimentando la paranoia que se estaba apoderando de mi mente.

El tiempo pasaba y el frío mordía cada vez con más fuerza, haciéndome temblar de manera incontrolada. Mis labios estaban secos y agrietados, y cada inhalación ardía en mi pecho como fuego helado. Intenté apartar los pensamientos oscuros que aun quedaban en mi mente, pero cada crujido, cada aullido lejano y cada susurro del viento parecía cobrar vida, diciéndome al oído que mi final estaba cerca. De repente en la distancia, un destello de luz captó mi atención. Podía ser un refugio o, tal vez, una ilusión provocada por el pánico y el agotamiento. Sin embargo, no tenía otra opción que investigar. Con la poca energía que me quedaba, aceleré el paso, con la esperanza de que la luz proviniera de un refugio. A medida que me acercaba, la luz reveló una vieja cabaña de aspecto abandonado. La puerta, apenas sostenida por sus bisagras oxidadas, se abrió con un quejido cuando la empujé. El interior estaba envuelto en la oscuridad que interrumpida por un parpadeo de la débil luz de una vela a punto de apagarse. Respiré hondo y crucé el umbral, esperando que este refugio improvisado fuese suficiente para sobrevivir la noche.

La noche avanzaba lentamente, y la cabaña se volvía un poco más cálida. Así que me permití relajarme un poco, confiando en que había encontrado un refugio seguro para la noche. Pero justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, escuché un susurro apenas audible, como si viniera de las paredes mismas. El miedo me volvió a invadir, y levantándome como un resorte, miré a mi alrededor con los ojos muy abiertos. Entonces, lo vi: una puerta oculta en la esquina de la habitación, apenas visible bajo el manto de sombras. La abrí con cuidado, revelando un pequeño compartimiento secreto. Dentro, había una manta vieja y una lámpara de aceite, suficiente para pasar la noche con un poco más de comodidad. Me envolví en la manta y encendí la lámpara, sintiendo cómo la calidez y la luz adicional me proporcionaban un alivio inesperado. A medida que la noche avanzaba, los susurros y ruidos extraños se desvanecieron, y finalmente pude conciliar el sueño, sabiendo que había encontrado un refugio seguro.






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Recuerdos Animados

La infancia nunca se olvida,
vivo recuerdos de una época querida.
Pokémon y Digimon, eran mundos encantados,
criaturas y aventuras, con corazones iluminados.

Willy Fog, viajaba alrededor del mundo,  
con amigos fieles y sueños profundos.  
Aventuras y hazañas en cada rincón,  
descubriendo maravillas, siempre con pasión.  
 
Oliver y Benji, eran los magos del balón,
jugadas míticas, goles con emoción.
Sueños de campeones, en cada partido,
con esfuerzo y amistad, todo era divertido.
 
Bola de Dragón, con Goku y sus amigos,
guerreros legendarios en mundos antiguos.
Esferas mágicas y batallas épicas,
en cada capítulo, había enseñanzas poéticas.

Power Rangers, con tesón y valentía,
defendiendo la Tierra, nuestra fantasía.
Transformaciones y héroes sin igual,
cada batalla, era colosal.

Dartacán y los mosqueperros, con valor y lealtad,  
espadas en mano, enfrentaban la maldad.  
Juntos en la lucha, siempre victoriosos,  
en cada misión, había momentos gloriosos.
 
Las Gárgolas, eran héroes mitológicos,
protegían la noche, unos seres asombrosos.
Susurros de leyenda, en Nueva York escondidos,
defensores de la justicia, nunca se daban por rendidos.
 
Ahora adulto, en mi mente persisten,
historias y sueños que nunca se extinguen.
En mi corazón, un niño aún vive,
con la chispa de sueños que nunca se inhibe. 
 
LCR



 
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El Renacer de Juan

En una empresa situada en las afueras de la capital trabajaba Juan, un hombre confiado, seguro de si mismo, que transmitía una seguridad permitiéndole ser una red para los aquellos que se encontraban al su alrededor. Aunque no siempre fue así, el camino hacia esta confianza y seguridad fue largo, arduo, a la vez que desafiante. Durante su adolescencia, Juan era tímido y reservado, luchaba constantemente contra su autoestima. Un día de camino a casa, se encontró con un cartel que decía: "Se abre la matricula para el taller de teatro". Aunque era consciente de que hablar  en público no era lo suyo, decidió apuntarse. No tardó mucho en descubrir que el escenario era un lugar donde podía mostrar sus emociones, mejorar su manera de expresarse y superar su timidez. Poco a poco, sus habilidades de comunicación mejoraron, lo que le llevó a incrementar su confianza.  Luego de adquirir seguridad en sí mismo a través del teatro, llegó el momento de ir a la universidad. En este periodo, Juan concentró sus energías en los estudios, llegando así a graduarse con honores en administración de empresas, permitiéndole conseguir un trabajo en una empresa respetada.

En la actualidad, se podría decir que la vida de Juan iba según el guion establecido. Tenía amigos leales, estaba esperando un ascenso en la empresa, y su relación con Laura era idílica, ya que siempre se apoyaban el uno al otro, alentándose a perseguir sus sueños, crecer como personas y creer que la meta se podía alcanzar. Sin embargo, todo comenzó a cambiar en su vida, cuando le comunicaron que aquel ascenso con el que soñaba no iba a llegar. Que por cuatro votos a tres, el consejo de administración había decidido contratar a un hombre con mayor experiencia, el que sería su nuevo jefe, Carlos.

Juan, poco a poco se iba recuperando de tremenda desilusión, y como había hecho siempre a lo largo de su vida, decidió adaptarse a la nueva situación. Por su parte, Carlos, con su carisma y persuasión, se estaba ganando rápidamente el favor de muchos en la oficina, sobretodo  a través de fiestas de empresa, donde pretendía reforzar el sentimiento de pertenencia a la misma. Sin embargo, con el tiempo, Juan empezó a notar ciertas actitudes que le inquietaban. Compañeros que eran amables, se estaban convirtiendo en una especie de tiburones, que a la menor oportunidad machaban al que tenían al lado; el control de las entradas y las salidas se había vuelto más estricto; y el jefe le pedía de vez en cuando, que realizara horas extras, al principio con una compensación monetaria o dándole días libres, luego ya sin nada. Solo con la promesa de un ascenso que nunca llegaba. Además, Carlos empezaba a hacer comentarios despectivos sobre los compañeros de trabajo delante de él, intentando sembrar discordia y desconfianza. Poco a poco la empresa se iba transformando en una pecera llena de pirañas.

Con el tiempo, Juan comenzaba a sentirse frustrado y agotado, cuando llegaba a casa, dejaba la cartera en el armario, y se sentaba apático en el sofá cambiando de canal de una manera rítmica. A Laura le entristecía verlo de esa manera. Tenía que ayudarlo pero no sabía como. Una noche mientras cenaban, ella se decidió a sacar el tema.

—Cariño, he estado notando que no te sientes bien últimamente —dijo con voz suave—. Creo que hablar con un psicólogo puede ayudarte.  
 
Juan, alzó la cabeza sorprendido por la sugerencia, se quedó en silencio unos momentos, reflexionando. En realidad, llevaba rumiando la idea desde hace tiempo, pero no se atrevía a decírselo con el fin de no parecer débil. Finalmente, tomó aire y asintió lentamente.
 
—Tienes razón, Laura —dijo con voz temblorosa. —Tal vez sea hora de buscar ayuda, la situación me está escapando de las manos.

Ella lo miraba con cariño, agradecida por su apertura, y juntos comenzaron a buscar a un psicólogo que pudiera ofrecerle la ayuda que tanto necesitaba. Con esta nueva perspectiva, Juan había tomado la decisión de dar un giro de 180º a u vida.
 
Al cabo de unos días, el psicólogo le explicó que estaba siendo manipulado, y le enseñó a reconocer las tácticas que usaban esas personas: promesas vacías, aislamiento y desvalorización de los demás. Con estas cartas, y con una confianza renovada en si mismo, decidió enfrentar la situación en la que se encontraba sumido. A la mañana siguiente, con paso decidido y la carta de dimisión en el bolsillo, entró en el despacho de su jefe. Le dejó claro que no iba a aceptar más horas extras sin compensación y que no le consentiría que hablara mal de sus compañeros delante de él. Carlos, sorprendido por la firmeza de Juan, intentó llevarlo a su terreno nuevamente, pero esta vez Juan estaba preparado, y dejando su carta de dimisión encima de la mesa, se marchó del despacho dando un portazo.
 
Con su decisión firme y la satisfacción de haber enfrentado sus miedos, Juan sentía una liberación que no había experimentado en años. Laura, estaba esperándolo fuera del edificio, y llena de orgullo, lo recibió con un abrazo cálido.

—Hoy comienza una nueva etapa para nosotros —le susurró ella al oído, con una sonrisa radiante.
 
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