Una Copa de Resoli
Manuel lo tuvo todo. Presidente de la mayor empresa de la ciudad, una mansión y un concesionario al que solía llamar "garaje"... Pero cuanto más alto se sube más grande es la caída. Investigaciones por fraude, deudas millonarias, posesión de drogas, más una serie de delitos de diversa consideración... Que lo obligaron a pasar una temporada en la sombra, y ahora sobrevive como puede.
La historia de Juan Antonio no es tan lujosa, funcionario del estado y típico padre de familia, casado felizmente con su novia de la infancia. Todo un ejemplo de como una mala decisión, puede arruinar 32 años de matrimonio. Su vida ahora, una miseria tras el divorcio. Pero al menos tenía un techo para dormir.
Luego tenemos a Enrique, el macarra del lugar, aficionado a buscar bronca por las noches. Aunque en realidad lo único que ha encontrado ha sido tres costillas rotas y un brazo roto.
El camarero parece el más normal de los presentes, siempre y cuando obviemos su pasado. A los 13 años, cogió una mochila con ropa y se marchó del hogar sin mirar atrás. Como alma en pena vagó por el mundo intentando buscar algo con lo que ganarse la vida. Sin embargo, lo único que encontró fue alguna que otra casa poco segura, los cajeros de las gasolineras, y a los agentes de policía en numerosas ocasiones. Pero poco a poco parece remontar el vuelo.
En cuanto a mí, tan solo soy un dramaturgo frustrado en busca del éxito que nunca llega. ¿Por qué estoy aquí entre tanta 'miseria'? Pues todo empezó con una simple frase:
- Una copa de resoli, por favor.
El Arte De La Vida
En Las Quebradas De Los Túmulos
"¡Fuera, viejo Tumulario! ¡Desaparece a la luz!
¡Encógete como la niebla fría, llora como el viento
en
las tierras estériles, más allá de los montes!
¡No regreses aquí! ¡Deja vacío el túmulo!
Perdido
y olvidado, más sombrío que la sombra,
quédate
donde las puertas están cerradas para siempre,
hasta los tiempos de un mundo mejor."
J. R. R. Tolkien
| Autor: Ted Nasmith |
Alec Harrison
Querido Trabajo Duro
Querido Trabajo Duro:
No eres querido, eres odiado y das miedo. La primera vez que fuiste mencionado corrí lejos de ti. Cuando sabía que vendrías, me ocultaba. Te esquivaba, evitaba tu influencia, no quería saber nada de ti.
Me miraba al espejo y ahí estabas tú, tenía la sensación de que siempre estabas detrás de mí. Doblaba una esquina y estabas de delante. Nunca te ocultabas, siempre ibas de cara. Llenando mi rostro de sudor, de lágrimas mis ojos, haciéndome decir: ¡seguiré adelante! Susurrándome al oído: ¿De verdad no puedes con esto? ¿Es cierto que vas a tirar la toalla?
Ahora mírame, pienso que la gloría está en la arena. Gracias a ti, nunca me rindo, lucho hasta el final, con el rostro manchado de polvo y sudor. ¿Renunciar? ¡Nunca! Siempre hay que llegar hasta el final, se haya triunfado o fracasado.
Con el tiempo he aprendido que vas de frente, cumples lo que prometes y aunque no lo parezca garantizas llegar a la meta.




