Game Over

"La gloria es un destello que solo brilla mientras mantenemos los ojos abiertos. Nos obsesionamos con alcanzar la cima, con grabar nuestro nombre en muros que el tiempo terminará por derruir, olvidando que la distancia entre el éxito eterno y el olvido más absoluto cabe en un solo segundo"

Yo que había doblegado a las gárgolas del campanario; cruzado desiertos inhóspitos a lomos de mi caballo; surcado los mares, ganando gloria donde otros solo encontraron el olvido... Ahí estaba, con las manos, entumecidas por la tensión de los niveles acumulados, mientras los botones se resentían a cada golpe. Ya podía sentir  la gloria, el reconocimiento por haber batido el record y el silencio solemne de la victoria definitiva. Estaba a un solo suspiro de la inmortalidad, en ese umbral donde el hombre se convierte en leyenda; sin embargo, esa gloria no habitaba en un Olimpo lejano, sino aquí, entre las paredes de aquel templo de cristal y silicio.

​El salón era un laberinto de luces de neón y fragor electrónico. El aire, denso y cargado de electricidad estática, vibraba con una amalgama de sintetizadores y golpes secos sobre el plástico. Entre el humo y el destello de las pantallas adyacentes, mi cabina se alzaba como un altar solitario, rodeada por el murmullo de una audiencia que contenía el aliento ante la cifra astronómica que parpadeaba en el marcador. Aquel número era mi billete a la eternidad.

Fue la mezcla de orgullo y confianza la que selló mi perdición. Con la euforia nublándome el juicio y los dedos castigados por el esfuerzo, sentí el roce cálido de la gloria, a tan solo un nivel de alcanzar la cima. Entonces solo cometí un fallo, un parpadeo a destiempo que fue más rápido que mi voluntad. La pantalla adquirió un negro absoluto, devorando mi reino, mis hazañas y mi momento. No hubo baladas, ni historia aquella tarde. Solo el parpadeo de unas letras rojas sobre el vacío y el silencio gélido de la derrota final.




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