El amanecer trajo consigo un cielo despejado y una nueva sensación de esperanza. Después de la tormenta de la noche anterior, el aire estaba fresco y limpio. Me levanté temprano, decidido a completar las tareas que había dejado pendientes debido al colapso de la estructura. Lo primero que hice fue evaluar los daños. Afortunadamente, mi cabaña, al tener unos cimientos sólidos, había resistido bien, pero el corral necesitaba reparaciones. Desayuné rápidamente y me puse a trabajar, reforzando la parte dañada. Unas horas más tarde, ya con la estructura asegurada, me concentré en la construcción del almacén. Trabajé sin descanso, levantando las paredes y asegurándome de que fuera espacioso y robusto para almacenar mis suministros.
Con todo ya terminado, y después de comer unos mendrugos de pan, decidí aprovechar el resto del día para dar un paseo por los alrededores. No llevaba caminando ni una hora cuando me encontré con una aldea escondida entre los árboles. Los aldeanos vestían ropas sencillas y parecían amables, pero al fijarme en sus ojos, noté que reflejaban una profunda preocupación. Me recibieron con curiosidad y hospitalidad, aunque pude notar que sus miradas se desviaban constantemente hacia el horizonte. Al hablar con ellos, descubrí que algo inquietante estaba ocurriendo en la zona, y la atmósfera en la aldea se volvía cada vez más tensa.
La intranquilidad crecía, mientras el cielo comenzaba a oscurecerse nuevamente. Los aldeanos, nerviosos, iban corriendo de un lado para otro, buscando refugio en sus casas. De repente, sentí un dolor agudo en el hombro: una flecha me había alcanzado. Casi sin poder reaccionar, otro proyectil pasó zumbando junto a mí y se clavó en la casa que se encontraba detrás. El sonido de los pasos apresurados y los gritos llenaron el aire. Comprendí que el peligro estaba más cerca de lo que imaginaba, así que me refugié en la casa más cercana. Una vez dentro, noté cómo los ojos del agricultor me miraban desesperados. A pesar del dolor en mi hombro, sabía que tenía que hacer algo para proteger a la aldea. Tomé una profunda respiración y me preparé para enfrentar el peligro inminente.






